Capitulo 1 entero!

15 feb 2012
Si, por fin he terminado el capitulo 1. Me ha llevado mas de lo que pensaba pero es que no queria nada demasiado corto y ademas me costo bastante dale sentido al final que tenia en la cabeza. Bueno, espero que os guste, ahora cambiare la encuesta, todo lo que querias comentar al chat. Y no os olvideis de pasar la voz. Bueno, sin mas dilacion el capitulo tras el salto ;

Domingo, ocho de la tarde del 20 de agosto de 2012, me encuentro en mi nueva habitación que ahora mismo no es nada más que seis metros cuadrados; una cama, más bien un simple colchón sobre un somier; un armario vacio esperando a ser llenado por la ropa de mis maletas que están tiradas por el suelo y un escritorio tan vacio o más que el armario.
Soy de un pueblo costero en el que se vivía muy bien hasta que, durante mi último año de instituto, descubrí que para ir a la universidad tendría que hacerme muchos más kilómetros de los que podría soportar dos veces al día. Tras varios días de meditación, decidimos, mis padres y yo en consenso, que podría alquilarme un apartamento en Madrid, con mis dos mejores, los cuales también se iban a ir a Madrid a estudiar. No iba a vivir en una zona extraña, llevo desde que tengo conciencia viniendo a Madrid medio verano, navidades y varios fines de semana, con motivos festivos, cada año. Así que, mis amigos y yo decidimos que como yo tendría que venirme aquí un mes antes que ellos, a ver a mis abuelos. Yo me encargaría de hablar con el hombre que nos iba a alquilar el piso. Mis padres me dijeron que me pagaría todo el alquiler desde Septiembre hasta Diciembre, tiempo suficiente para acomodarme en la capital y encontrar un trabajo con el que poder pagarme el alquiler por mi cuenta. Eso no me preocupaba demasiado ahora mismo, no creo que pueda costarme mucho encontrar un trabajo, por muy mal pagado que este, compartiendo piso no tengo que ganar mucho para poder pagar mi parte. Desde mi punto de vista hubiera sido mucho más lógico alquilarme por mi cuenta una habitación, pero cuando les conté a mis amigos, lo que tenía pensado dijeron:
-¡No tienes que alquilarte una habitación de mala muerte! ¡Vete a saber donde puede acabar!- dijo mi mejor amiga Naya. Nos conocíamos desde siempre, lo único que nos falta por haber compartido es la incubadora en el hospital. Cualquier persona que nos viera y no nos conociera podía pensar que nos gustábamos mutuamente, pero todo aquel que nos conoce sabe que no era así.
- ¡Exacto! ¡Podemos irnos todos a Madrid! Mi carrera solo la imparten  allí, tendría que ir de todas maneras…- dijo Shane.
Y el resto de la conversación no hace falta contarla. Shane se había unido a nuestro grupo en el primer curso de instituto. Se unió más bien porque su actitud pasota me gusto bastante y al conocerle, el chico me cayó bastante bien. Siempre tuve la impresión de que a él le gustaba Naya, pero llevo 6 años siendo su mejor amigo y nunca le he visto involucrarse en una relación sentimental.
Bueno, creo que de momento no necesitáis saber más. Ahora mismo estoy tirado en el colchón mirando al techo pensando en cómo he llegado hasta aquí; lo que, no sé porque, me hace gracia. Bueno, va siendo hora de que vuelva a casa de mis abuelos, aun me quedan varias cosas por traer, pero el momento meditación se ha estirado demasiado y se me ha hecho de noche. Mañana será otro día…
Tras haber dormido en casa de mis abuelos y desayunado mientras me acosaban a preguntas sobre el piso he cogido mi guitarra, y las dos últimas cajas que quedaban por llevar a la casa y lo he colocado todo en sus nuevos sitios.
La verdad es que tras colocar las figuras en el escritorio, guardar la ropa en el armario, poner sabanas y esas cosas a la cama, la habitación queda mucho más acogedora. Hoy es mi primer día viviendo aquí y no voy a estar solo por mucho tiempo. Shane debe de llegar hoy de viaje en coche por las grandes ciudades españolas, cuya última parada es su casa del pueblo para coger sus cosas, vendrá aquí lo dejara todo y se irá a llevar el coche a su dueño, su tío que vive en la periferia de Madrid a unos  45 minutos en metro. Mientras que el hace eso, yo voy a ir a llevar los papeles de la universidad, porque mañana es el ultimo día para presentarlos. Siempre suelo dejar las cosas para el último día, digamos porque así me motivo más a hacerlo, es raro, lo sé, pero mejor no darle vueltas. Naya, no sé cuando vendrá llevo todo el verano sin hablar con ella, bueno sin hablar con nadie, me vine aquí a principio de Julio y Shane desconectó su teléfono durante su viaje. A Naya, no sé porque no la he llamado, supongo que no me ha pasado nada interesante que contarla. De todas maneras espero que todo eso cambie cuando lleguen mis amigos.
Las zonas comunes de la casa están amuebladas, y como tengo luz, puedo dedicarme a ver la tele hasta que Shane llegue. Voy a su habitación, solo para verla y compruebo que es idéntica a la mía solo con una diferencia la cama esta puesta en la pared contraria, es decir, como si en vez de pared, hubiera un espejo entre su habitación y la mía, el resto es exactamente igual.
La habitación de Naya, es de las mismas dimensiones pero al estar al fondo del pasillo tiene una distinta organización. Su cama, está colocada igual que la mía pero su escritorio esta justo en la pared que pega con la habitación de Shane. Al lado de la venta hay una mecedora vieja, pero en buen estado, razón de que dejara que Naya se quedara con esa habitación, se que le va a gustar el detalle.
El resto de la casa, es lo típico que te puedes encontrar en cualquier casa de estudiantes. Un solo baño, una cocina pequeña donde solo entra una persona a lo ancho, un salón en el que dos sofás colocados en ele alrededor de una mesa de té y un mueble donde solo está la televisión y unos cuantos cajones, donde están guardados los cubiertos y platos y un par de fotos de los antiguos dueños de la casa.
Reconozco al hombre de la foto, es nuestro casero pero con la mitad de arrugas y doble de pelo. Además va vestido mucho más elegante que la dos o tres veces que he coincidido con él. Eso sí, su cara tiene una expresión más seria en la foto, en la realidad es bastante amable. Es un amigo de mis abuelos, por eso la casa tiene los muebles y todo eso ya montado.
Según me dijeron mis abuelos, su mujer, al lado suya en la foto vestida con una blusa de botones y una falda, y con una expresión de bondad en su cara, murió hace tres años de un infarto. Una lástima, por lo que se ve en la foto hacían una gran pareja. Guardo las fotos en uno de los cajones de mi cuarto y suena mi móvil. Es Shane.
-Damián, ¿puedes bajar a buscarme? Creo que me he perdido-Como no, Shane es capaz de irse a hacer un viaje por toda España el solo pero cuando se trata de callejear, es un negado.
- Claro. ¿Dónde estás?- pregunto con cierto desdén. La verdad no me apetecía bajar a buscarle, quería habituarme a la casa, pero no quedaba otro remedio.
Si, es verdad, aun no me había presentado. Me llamo Damián. Soy bastante alto, moreno, ojos verdes, y fuerte en mi justa medida. Quiero decir, no soy como una de esas personas que salen en la tele, que parece que van a reventar sus camisas, pero tampoco soy de esos tipos que al llevar una camisa ancha sus brazos parecen palillos chinos. Tengo 18 años, aunque aparento 20 o así por lo que me han dicho. En cuanto a mi carácter, me iréis conociendo con el tiempo.
En esto, que consigo encontrar a Shane que me está esperando con su coche en doble fila, un par de calles más lejos de nuestra casa. Cuando me ve sale del coche y me abraza:
-Recuérdame que nunca me vuelva a ir de viaje solo- me dice cuando me suelta de ese abrazo que me deja sin aliento.
-¿Quién eres tú y que has hecho con mi mejor amigo?- digo cuando consigo recobrar la compostura.
-¿Qué pasa, tío? Estoy un poco sentimental te he echado de menos- dice y me da un puñetazo en el brazo. Este ya es mi amigo.
Montamos los dos en el coche y le llevo hasta la puerta de nuestro portal, por suerte, vivimos en un primero sin ascensor así que no nos costará mucho subir sus cosas: dos cajas y una bolsa de ropa. Tardo, también, bastante poco en colocar todo. No era un chico demasiado ordenado, ni se preocupaba demasiado por su aspecto, quiero decir, que él era capaz de llevar dos días seguidos los mismos vaqueros si no se le habían manchado, o no se daba cuenta de cuando la barba empezaba a quedarle mal y a sumarle años.
Cuando terminó de colocar su cuarto, nos tomamos una cerveza fría en el comedor:
-Ahora tengo que ir a la universidad a hacer el papeleo, pero cuando vuelva, traeré comida china para comer, y después nos pasaremos toda la tarde contándonos el verano- le dije a Shane.
Diez minutos después ya estaba montado en el metro, dirección a la universidad. Al llegar, me sentí como la cosa más pequeña del universo. Había edificios por todas partes, a cada cual mas grande. Además, la música que llevaba hacia que sintiera mas euforia, de hecho creo que llegué a sentir ganas de empezar las clases en ese mismo instante.
Cuando tras preguntar a las pocas personas que había por el campus, encontré el edificio de secretaria, me senté en la sala esperando mi turno. La sala tenía paredes amarillas y todas las sillas, colocadas a lo largo de tres paredes, eran de plástico verde, extremadamente incomodas.
Al parecer me iba a tocar esperar un buen rato, la sala estaba llena. Por lo menos, tenía un libro para leer. Siempre llevo uno encima, por si acaso. Cuando estaba a punto de alcanzar las cien páginas leídas, fue mi turno.
-Hola ¡Buenos días! Venía a matricularme en primero de Comunicación Audiovisual- dije mientras dejaba mi libro sobre el mostrador y sacaba todos los papeles que había que rellenar para la matricula. Los había repasado mil veces en casa de mis abuelos, para ver que todo estaba correcto como para pararme ahora a revisarlo otra vez. Se los di a la chica y justo en el momento en que nuestras manos se rozaron sentí un calor que me resulto familiar, no sé por qué. Toda esta sensación llego a su punto máximo cuando nuestros ojos se encontraron. No me había dado cuenta porque había estado leyendo y cogiendo los papeles, pero la chica de secretaria, era probablemente una de las mujeres más hermosas que he conocido. Aunque teniendo en cuenta que nunca he tenido una relación que durara más de 36 horas, eso era mucho decir. Su pelo largo le llegaba casi hasta el codo, era de color castaño claro y llevaba un flequillo recto; no estaba ni demasiado delgada ni demasiado gorda, tenía una forma perfecta, la cual se dejaba adivinar por su no demasiado ajustada ropa; sus ojos eran verdes, de un verde parecido a la parte más frondosa del Amazonas, me recordaban en cierto punto a los de un gato, pero no demasiado; sus labios perfectamente perfilados hacían el arco de Cupido en su labio superior. Creo que perdí demasiado tiempo analizando sus facciones porque, ella se dio cuenta y esbozo una sonrisa bien amplia mientras revisaba todos mis papeles. Yo, al ver que ella se había dado cuenta, no pude esbozar otra medio sonrisa avergonzada y agache la cabeza en señal de cohibición. Era demasiado perfecta, solo su forma física me había intimidado.
- Bien, está todo, eres la primera persona en todo el día que lo trae todo perfecto.- dijo mirándome de nuevo, y sintiéndome más poca cosa cada segundo que ella mantenía sus ojos sobre mí- Nos vamos a llevar bien tu y yo.- En el momento en el que pronunció esa frase, dos alertas se activaron en mi interior. La primera decía, más bien gritaba de felicidad, que ella también estaba algo interesada en mi, y la segunda que esa frase llevaba algún doble sentido que yo no había entendido, hasta que de pronto caí.
-¿Tú también vas a hacer Comunicación Audiovisual?-. Su sonrisa mostraba que me había puesto a prueba con su indirecta y que había pasado la prueba con nota.
- Si y menos mal que te he conocido porque estaba muerta de miedo, no conocer a nadie y este sitio es inmenso.- Empezaron a oírse ruidos de impaciencia en la sala, al parecer a alguien le incomodaba nuestra pequeña charla. No puedo culpar a nadie, esperar en esa sala tan aburrida fue un suplicio para mí, que estaba medianamente entretenido así que para una persona sin nada en lo que centrarse mientras pasaba el tiempo debía de ser un martirio.
- Yo pensaba exactamente lo mismo.- Tras una pequeña pausa un tanto incomoda, una parte de mi que no conocía se adueño de mi y dijo.- ¿Qué tal si nos damos nuestros números y nos llamamos antes de que empiecen las clases, para conocernos mejor?- Al parecer eso era lo que ella estaba esperando, porque volvió a sonreír y saco su móvil tendiéndomelo hacia mí. Yo hice lo mismo con el mío y metí mi número en el suyo. Al terminar se lo devolví y le dije –Soy Damián.-
-Cristal.- dijo ella cuando me devolvió el mío. Su cara delataba las ganas que tenia de conocernos mejor, pero por otro lado la imposibilidad de hacerlo en aquel momento. Por lo que cogí mi móvil, me lo guardé en mi bandolera y me fui de allí, pensando ya en el momento en que volvería a verla. Estaba tan ensimismado en mí mismo  que no la escuche, cuando desde su ventanilla de secretaria me gritó:
-¡Damián! ¡Te has dejado algo!-.
Volví a casa, en la mitad de lo que había tardado en llegar a la universidad, aunque claro estaba ansioso por contarle a Shane lo que me había pasado.
Al llegar estaba justo tal y como le deje. Viendo la tele, cómodamente tumbado en el sofá.
-Nunca te creerás lo que me ha pasado hace un rato.-Le dije como el niño que le cuenta a sus amigos lo que le han regalado por su cumpleaños. Después de contárselo, y comentar acerca de eso durante un rato, Shane me dijo que ya había llevado el coche a su tío y se puso a contarme todo lo que había hecho en verano.
- Bueno, pues después de salir del pueblo, pase un fin de semana en Valencia, después Tarragona y en Barcelona, una de las noches que salí de fiesta conocí a este chico, muy majo, de nuestra edad, estuvimos hablando un buen rato y nos hicimos amigos, después desapareció, aunque nos habíamos intercambiado números. Al día siguiente mientras hacía turismo me llamo para tomar algo. Estuvimos hablando y no me preguntes como acabamos yendo los dos juntos en mi coche hacia León.-
Le conocía desde hace bastante tiempo, no tanto como a Naya pero era como mi hermano pequeño, así que cuando vi la cara que estaba poniendo, le pregunte:
-¿Tuviste algo más que una amistad con ese chico, Shane?- La cara de culpabilidad le está matando. Entonces, se mordió el labio inferior y me contestó:
-Puede ser-.
De pronto toda mi visión de Shane cambió de golpe. Nunca, y repito, nunca, podría haberme imaginado a Shane liándose con un hombre. Iba a contestarle cuando mi móvil empezó a sonar y a vibrar. Era la única persona que podía sacarme de aquel estado de sorpresa y sumirme en otro muy distinto. Cristal.

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